Después del largo viaje, llegamos a Soria. Pasamos por un campo de fútbol, y nos encontramos con un pabellón lleno de punkys, muchos y los de verdad. David y yo estabamos impresionados. El ambiente era ideal, aunque no tanto como esos bocadillos que comimos, que más que carne parecía plástico con pan, que tampoco parecía pan..
Como de costumbre, no había mucho espacio, pero tocamos y no nos salió nada mal, aunque quizás tocamos demasiado temprano, ya que la gente no estaba muy motivada, ni siquiera esos punkys que antes mencioné.
Aún así, personalmente me lo pasé de puta madre. Uno de los recuerdos que me viene a la cabeza es el del gigante calvo gordo… creo que era Polaco… que no hacía más que empujar y golpear a la gente en las primeras filas.
Feer
